sábado, 9 de junio de 2018

Miss Cuba 1930 (II)

Luego de haber sido seleccionada la señorita Mercedes Loynaz Perdomo como "Miss Cuba 1930", llovieron tanto en la prensa cubana como extranjera, entrevistas, artículos y sesiones de fotos con la agraciada. Hemos seleccionado algunas y comenzamos con esta carta dirigida al actor Nils Asther, apodado como el "Greta Garbo hombre" por su hermoso rostro. 
Fue publicada en la revista Bohemia el 27 de julio de 1930. Se ha respetado la ortografía y redacción del artículo original.


"Mercedes Loynaz y Perdomo, nuestra maravillosa Miss Cuba, que irá pronto al Brasil a representar la incomparable belleza de la mujer cubana, viene hoy a enriquecer y a prestigiar esta serie de cartas de amor con una muy suya a Nils Asther el astro nuevo que se ha colocado en la cúspide de la popularidad cinematográfica gracias su belleza varonil y a su excelente condición histriónica.
Miss Cuba anhela ser también actriz del celuloide. Y sueña con ser la compañera de Nils en uno de esos idilios de la sábana de plata. Leed su carta de amor, al paisano de Greta Garbo: se muestra en ella tal cual es. Discreta, deliciosamente apasionada, dulce y ruborosa como una colegiala. Leed:
Escúchame Nils. Hace mucho tiempo que ocupas mis pensamientos y soy muy feliz ahora por haberseme presentado el vehículo que conducirá a tí mis ensueños.
Aunque latina, y trigueña por añadidura,  soy muchacha tranquila y contemplativa; quizás por eso los otros galanes de las películas –piratas del amor- tan admirados por las demás mujeres no me causan impresión. El mismo John Gilbert, a quien adoran mis amigas, y Rodolfo Valentino que las apasionaba cuando ellas y yo teníamos 15 años, me han dejado impávida.En verdad, debo aclararte que yo nunca pude establecer la……(ilegible al cortar para encuadernar la revista) parecía que las figuras animadas no eran seres reales, sino personajes de leyendas que en vez de verse con la imaginación como cuando uno lee, se ven con los ojos.
Más el día que por primera vez apareciste en la pantalla mi corazón palpitó con fuerza, y comprendí el hasta entonces inexplicable misterio electrizante del amor. Desde ese momento te busco en los programas en la sección cinematográfica de diarios y revistas, y en mis horas de estudio, aparece tu rostro de muchacho serio y noble entre las notas del pentagrama y mis dedos no aciertan con las teclas.
Cuando los directores te destinan a papeles secundarios o poco donjuanescos yo experimento un egoísta placer de sentirte más cerca de mí, más accesible. Por otra parte yo no anhelo colaborar en esos idilios violentos y apasionados que arrebatan a las multitudes, y que no obstante estar la sala a oscuras me hacen ruborizar. Porque has de saber Nils Asther que yo me ruborizo. Me da un poco de vergüenza confesarlo, pero ya es tarde,  y lo saben todos,  porque Don Galaor tuvo la indiscresión de publicarlo en una interview que me hizo. A pesar de ello, si me atrevo a confidenciarme siquiera sea por carta y a la distancia, es porque estoy sola, es noche de verano, hay paz, brisas y estrellas, y los jazmines se entregan en perfume y todo es como una invitación a ser sinceros y a… (ilegible al cortar para encuadernar la revista).
Puesta a sincerarme, te aseguro que he sufrido celos por ti: cuando salió tu retrato con tu novia. Porque los idilios ocasionales que pide el argumento encuentran siempre una excusa de consuelo en mi corazón. No así la pose tranquila y dulce de esa fotografía, que con orgullo de enamorado diste a la publicidad para que sepamos que en vez del auto, del perro, del yate del chalet…o de cualquier otro elemento de reclamo has preferido a tu novia.
Dicen que soy bonita. Cuando triunfo en un concurso de belleza – y van tres- corro al espejo a preguntarme si no es cierto que las otras son más lindas que yo. Y no me envanezco. A la alegría natural y legítima he añadido esta vez la secreta esperanza de acercarme a tí. Si algún día yo realizase el sueño dorado de casi  todas las mujeres -impresionar películas- sería el complemento de mi felicidad sentirme entre tus brazos bajo la luz reverberante, cerca del micrófono alerta, rodeada de las señas de los directores y olvidándome del apuntador lumínico que dictaría las palabras de amor del libreto para decirte bien cerca mis propias palabras: las que tu me inspiras…"


Artículo anterior: Miss Cuba 1930 (I)


lunes, 4 de junio de 2018

De cuando Rafael Alberti y Dulce María Loynaz evocaron a Lorca


Manuel de la Iglesia en Mundiario:

Retrocedamos por un momento veintiséis años. Estamos en La Habana en 1992. Allí, en la calle 19 esquina E, en el Vedado, vive Dulce María Loynaz. Faltan unos meses para que le otorguen el Premio Cervantes. La visito con cierta frecuencia, casi siempre con un ramo de flores o alguna delicatesen a la que puedo acceder en mi condición de extranjero. Los cubanos no están autorizados todavía a portar dólares ni a comprar en las llamadas tiendas diplomáticas. Dulce María está a punto de cumplir 90 años, pero sigue siendo un espíritu curioso y despierto, que mantiene la presidencia de la Academia Cubana de la Lengua. A sus miembros, entre ellos, a Eusebio Leal, historiador de la Ciudad de La Habana, quien funge de secretario, los reúne de pascuas a ramos y siempre en el salón principal de su propia casa, un palacete del siglo XIX....seguir leyendo